¡ Lo sabemos, porque también estuvimos ahí !
La vida diaria, cuando no hay accidentes ni eventos perturbadores, normalmente pasa prácticamente sin que nos acordemos. Sin embargo cuando ocurre un evento que ponde de cabeza a una sociedad, de inmediato éste se transforma en un hito; muchos años después nos encontramos en una reunión donde alguien pregunta: ¿donde estabas cuando ocurrió X cosa? Lo normal es acordarnos con precisión.
Con los eventos actuales, la muerte de “Iván” Camilo Mouriño, no pude más que acordarme del evento político que más transtornó a nuestra sociedad en la década de los noventas: el asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Era marzo de 1994, uno de los años más convulsivos de la historia reciente de nuestro país; la sucesión presidencial estaba en proceso. En aquellos tiempos no se trataba de quien ganaría las elecciones si no de ver a quién elegiría el presidente en turno como candidato del PRI.
Apenas en noviembre del año anterior Colosio había sido seleccionado como candidato pero el rumor era de que la campaña no levantaba. Por una parte Manuel Camacho Solís, regente de la ciudad de México estaba en plena campaña de echarle tierra y buscar la posibilidad de que el presidente Carlos Salinas cambiara de “gallo”.

Cuando peor estaban las patadas por abajo de la mesa ocurrió el levantamiento de los zapatistas en la selva de Chiapas y, si Colosio se había visto disminuido por los acontecimientos, ésto lo empequeñeció aún más.
Se hablaba de guerra, de levantamiento, de represión y, en medio de todo, Camacho Solís saliendo en todas las fotos con los encapuchados. Los rumores y los chismes estaban a tal nivel que Salinas de Gortari tuvo que salir a decir su famosa frase de “No se hagan bolas el bueno es Colosio”.
Al candidato lo mataron en Tijuana, un sujeto llamado Mario Aburto, luego de un mitin. Hasta la fecha siguen las sospechas y pocos se tragan lo del asesino compulsivo que le disparó sin saber bien porqué.

Aquel día estábamos reunidos varios amigos con motivo de que uno de ellos, que vivía en Los Cabos, había llegado por unos días a la capital; la fiesta se transformó en una sesión de noticieros mientras que nosotros hacíamos cada vez especulaciones más infundadas.
Creo que esa noche la mayoría de los mexicanos nos acostamos muy tarde viendo y repasando las escenas; una de ellas, la más fuerte, mostraba el momento en que una pistola era colocada directamente contra la cabeza del candidato y disparada.
A lo largo de meses se escribieron libros, se publicaron investigaciones y corrió infinidad de tinta al respecto. Lo único que quedó claro fue que nadie compró la teoría del único asesino y aunque Mario Aburto siempre dijo que había sido él y solo él, la sociedad mexicana ha vivido desde entonces con la idea de que se le debe una explicación.
Aunque no fue la primera vez que ocurría el asesinato de un candidato, en ese México seudo-moderno de los noventas, también fue un evento que puso de cabeza al país y a la clase política.

El monumento a Colosio que hasta la fecha se me sigue haciendo algo diabólico.
6 comentarios para " El magnicidio de Luis Donaldo Colosio "
a mi casi me culpan de el asesinato de este cuate porque unos meses antes el empezo como a decir cosas politicamente incorrectas y yo tuve el desatino de decir en la oficina: a este lo van a matar y mole que lo matan, desde ahi me empezaron a ver en mi oficina con un sospechosismo de delincuente. saludos
A mi me pasó algo muy parecido; en aquellos entonces me sentía yo muy “sabedor” del medio político y en una reunión me aventé la puntada de decir en voz muy alta: “Este cuate no llega a los Pinos”.
Cuando volví a ver a esa gente me veían medio rarito; no se si por admiración (cuanto sabe el tipo ese) o por miedo (¡no manches! lo que sabe el tipo ese).
Saludos Dante; un gusto verte por acá.
y otra que se hizo perdurable en la memoria por ligarse siempre a este hecho es la interpretación de “banda machos” a la canción popular “la culebra”
(nadie sabe para quién trabaja -je-)
Quien se beneficio con la muerte del candidato?
Uy, mi papá es priista de hueso colorado, de los que aun creen en el principio teórico del “nacionalismo revolucionario”, esa noche nos desvelamos viendo el noticiero hasta el momento donde sale el doc. a decir que el candidato se habia muerto y se escucharon los “ooooo aaaaa” de la gente que estaba ahí concurrida.
Pa mi Colosio era un priista mas, no creo que hubiera cambiado nada en el país, por lo menos no para el bien de tod@s. Y lo malo no fue solo el asesinato sino todo lo que se formo después al rededor de el.
Presidentes van, presidentes vienen, se cambian los colores, las siglas, pero nuestro pobre país sigue siendo un país pobre, los únicos que se quedaron desde ese año fueron los Zapatistas, ellos no se fueron ni cuando les llovió napalm.
lo mando a matar lla ardilla por que es un animal que vive en los arboles de esos que s ponen en navidad
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