McDonald’s fue prácticamente la primera empresa estadounidense en llegar al Moscú de la posguerra fría; fue el anuncio de que un nuevo orden mundial había llegado.

Prácticamente desde el primer segundo de 1990 nos dimos cuenta de que esa década, políticamente hablando, iba a ser diferente.

Mikhail Gorbachev había anunciado la Perestroika, una política de apertura y renovación del gastado bloque soviético y más había tardado en proclamarla y promoverla que el bloque socialista en venirse abajo.

Apenas un año antes las repúblicas europeas se habían salido del redil y los alemanes ya amenazaban con reunificarse; las repúblicas soviéticas habían cantado su independencia y todo parecía indicar que el imperio del mal se venía abajo.

Mucho se ha hablado de las reformas, de los movimientos sociales, de las revoluciones “de terciopelo” y de muchos eventos que marcaron la política internacional a inicios de la década de los noventas pero creo que un evento, un solo e insignificante evento, marcó y nos dio un vistazo de lo que iba a ocurrir en los siguientes diez años: la inauguración del primer restaurante McDonald’s en Moscú el 31 de enero de 1990.

Ubicado en la plaza Pushkin, a tan solo unas cuadras donde reposa la momia del padrecito Lennin, fue en su tiempo el restaurant más grande de la cadena, con capacidad para 700 perestroikos moscovitas. El proyecto tuvo que ser integrado de forma vertical ya que en esos entonces aún había escacés de algunos alimentos; McDonald’s tuvo que entregar semillas de papas y enseñar a los campesinos como cultivar esas variedades así como re-enseñar a los criadores de vacas a realizar la matanza.

El hecho no es que un simple local de hamburguesas abriera en la Unión Soviética, si no que uno de los más grandes representantes del capitalismo y la globalización abriera un mercado tradicionalmente cerrado a cualquier cosa que oliera a occidente. Era una franca conquista por parte de los gringos del mercado ruso.

Era una clara muestra de quién ganó, a final de cuentas, la guerra fría.

En ese McDonald’s ocurrió exactamente lo que había ocurrido en México apenas unos años antes; cientos de personas hicieron largas colas por horas para deleitarse con una Big Mac y una malteada y así dar una probada a la llegada de nuevos tiempos.