Cuando fue estrenada La Tarea en 1990, aunque con ciertas carencias técnicas, fue una especie de augurio de lo que más tarde se iba a conocer como “Nuevo Cine Mexicano”.

Para 1990 yo me sentía experto en cine; en la universidad había llevado un par de cursos, tanto de historia como de técnica del cine, por lo que a la hora de ver películas estaba seguro de ser una autoridad. En ese inicio de década estaba comenzando lo que más tarde se le conoció con el esperanzador nombre de “Nuevo Cine Méxicano” un pequeño movimiento que parecía ofrecer mucho a partir de una serie de cintas.

Rojo amanecer nos había mostrado la década anterior los horrores de Tlatelolco y todavía varias películas estarían por darnos esperanzas respecto al cine nacional: en ese contexto se filmó y se exhibió La Tarea con María Rojo y José Alonso.

La historia es sencilla, tal vez demasiado: a una estudiante (ya madurita) de cine le es encargada una tarea; ella pretende hacerla utilizando a un viejo amigo al que invita a su casa para filmar (grabar) el reencuentro a escondidas. Aunque el amigo se da cuenta, y al principio se niega y hasta se sale de la casa enojado, al final accede a seguir con la “película” que no es más que un largo encuentro amoroso interrumpido por algunos factores circunstanciales.

Al final de la película (aquí va el spoiler) nos damos cuenta de que el supuesto encuentro entre dos amigos que no se veían hacía mucho tiempo es falso y, aunque la asignación de la clase de cine sí es cierta, el esposo de Virginia se hace pasar por el amigo para ayudar a su mujer a hacer la tarea.

Se puede decir que la idea es bastante buena y aunque a Carlos Humberto Hermosillo (el director) recibió muchas críticas favorables sobre la cinta a mi de plano no me gustó que la ÚNICA edición de toda la película (tomada toda desde el punto de vista de la cámara escondida, de manera continua y sin cortes) está malhecha. Sin embargo como comunicólogos nos dio tema para debatir largo y tendido.

María Rojo que, en la actualidad, está metida de lleno en la política

La recepción de La Tarea fue muy variada. La idea es bastante buena y creo que es la única película mexicana (y de las pocas del mundo) hecha con una sola toma. Donde la cosa toma otro carisma, es la cuestión del sexo. Para variar, los sectores más conservadores pusieron el grito en el cielo y la tacharon de pornográfica.

Si la historia trataba básicamente de una pareja haciendo el amor, no se qué les extrañó, sin embargo, a pesar de que hay desnudo (y mucho) a lo largo de la película, este no llega a ser desagradable, grosero o grotesco.

El éxito de la cinta fue tal que no tardaron en inventar una obra de teatro con el mismo tema, también con Maria Rojo pero su “objeto” de estudio fue Ari Telch. La puesta en escena estuvo mucho tiempo en cartelera y recuerdo que infinidad de veces entrevistaron a los dos actores para preguntarles de manera morbosa ¿y lo “hacen” de a de veras?

Cinematográficamente hablando los noventas fueron todo lo contrario a la década anterior en materia de cine: pudimos ver muchas cintas de bastante calidad. La Tarea podría ser la marca que indica ese pequeño renacimiento.