Al día de hoy es unos de los formatos de televisión más redituables; nacidos bajo la crítica sobre su realidad, su ética o su buen gusto, los Reality Shows forman parte importante de la programación de cualquier televisora con mínimas pretensiones.

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Para los que nos decimos “estudiosos” de los medios de comunicación la televisión siempre ha sido una especie de ente maligno. La premisa normal es que el medio, salvo honrosas excepciones, lo único que transmite es basura.

Emilio “el Tigre” Azcarraga decía, parafraseando a Marx, que la Televisión “era el (nuevo) opio del pueblo” pero que este opio era “del bueno”. Aunque a lo largo de la historia de “la caja idiota” han existido numerosos intentos de mejorar el contenido, es patético reconocer que son los esfuerzos en sentido contrario, es decir, bajar los niveles para así alcanzar una mayor audiencia.

Uno de esos esfuerzos se concretó en los noventas y es que en esta década surgió uno de las formas más nefastas de hacer televisión: los Reality Shows.

Podría decirse que The Real World fue el primer programa Reality Show de proyección mundial: transmitido por MTV, fue el pionero de su género en Estados Unidos (y de paso el que mejor conocemos). Está basado en una serie holandesa llamada Nummer 28 y su premisa era la de juntar a varios desconocidos y ponerlos a vivir en una sola casa llena de cámaras; las interacciones, los conflictos y los romances generados dentro de la casa iban a dar el guión.

El programa de MTV tuvo un gran éxito ya que llegó a 20 temporadas y fue realizado en varias ciudades de ese país, desde Hawaii hasta Nueva York. De hecho ha corrido de manera prácticamente ininterrumpida desde 1992 hasta el día de hoy: Real World Brooklyn estrenó su primer capítulo la semana pasada (7 de enero de 2009).

Aunque hubo varios shows precursores de lo que hoy vemos en la pantalla fue una película la que supo predecir en gran medida el futuro de la televisión: The Truman Show.

A caballo entre la parodia y la distopía, la cinta habla sobre un programa televisivo cuyo protagonista no sabe que su vida se desarrolla en un mega-estudio de TV. La vida, las penas y las alegrías de Truman son seguidas, día a día, por miles de teleadictos. Truman es un producto y, como tal, genera grandes beneficios a la televisora que es su “propietaria”.


El Final, cuando Truman sale (literalmente) a la realidad

The Truman Show se estrenó en 1998, no se si por casualidad o inspiración pero tan solo un par de años después se estrenó, también en Holanda (buenos quesos, pésima televisión), Big Brother lo que podríamos llamar la mamá de los Reality Shows de la década siguiente.

No tengo que decir del éxito de la serie; basada en el Gran Hermano de la novela 1984 de George Orwell, intentaba ser una continua vigilancia de ocho o más individuos encerrados dentro de una casa.  La franquicia se vendió en 70 países, nosotros tuvimos que sufrir unas 8 temporadas (entre el normalito y el VIP) y en algunos países como la Gran Bretaña y España la serie sigue al aire.

Por supuesto que, luego del éxito de la locura de Big Brother, los productores de TV no dejaron pasar la oportunidad y se embarcaron en las más diversas opciones, desde la búsqueda de talento hasta seguirles el rastro a los famosos (aunque sean tan desagradables como los Osbourne).

El fenómeno ya forma parte de la cultura popular y hasta sesudas tesis e investigaciones se han realizado al respecto; el Reality Show es denostado por algunos pero fielmente seguido por otros; un género que se inventó en los noventas.