Llegó a nuestro país gracias a que TV Azteca estaba buscando opciones novedosas.  Tras su éxito en España pronto se transformó en un fenómeno mediático en un México escaso de conocimientos sobre la televisión europea.

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Nosotros en México nos quejamos mucho de la tele abierta.  Salvo honrosas excepciones el medio sufre de una eterna mediocridad y falta de imaginación por no hablar de la vulgaridad así como la frivolidad de la mayoría de los programas que se emiten.

Sin embargo perdemos de vista que otros países han pasado por peores épocas.  El caso de España, aunque fue el común denominador en casi toda Europa, a nosotros nos parece muy lejano: durante muchos años tuvieron que sufrir de un monopolio gubernamental que en la mayoría de los casos era muy árido.  Para ellos la televisión privada era una mera utopía ultramarina.

Sin embargo sucedió que las cosas se pusieron peor: a finales de los años ochentas el gobierno español decidió concesionar tres televisoras privadas las cuales comenzaron a operar junto con la década de los noventas.  Una de ellas, Antena 3, fue la que nos “regaló” con El Gran Juego de la Oca.

Basado en el tradicional Juego de la Oca, una versión peninsular de Serpientes y escaleras, el juego se trataba de realizar un recorrido en un enorme tablero; participaban cuatro jugadores y el primero en llegar ganaba.  A lo largo del juego había varias pruebas, que tenían que superar, para ganar dinero o no perderlo.

El programa duraba una barbaridad, creo que más de tres horas y se transmitía una vez a la semana desde un enorme estudio en el cual, además de los conductores y jugadores se encontraban una serie de animadoras, algunos “personajes” sin olvidar un enorme grupo de gente parada a lo largo del recorrido a manera de público .  ¿Por qué será que a los productores europeos les fascina tener al público de pie alrededor del set?

El jugador “lanzaba” unos dados virtuales a través de un control, donde una sexi voz con acento madrileño decía el número y durante el juego se recorrían varias casillas en las que había que realizar algún tipo de prueba, desde meterse a un túnel lleno de serpientes hasta una prueba de lucha con una “guardiana” de muy buen ver.

Al finalizar, si el concursante había podido realizar el reto la conductora o el conductor decían las memorables frases que han entrado en el argot popular: “¡¡Prueba superada!!”.


Aquí al conductor lo echan a pelear con la “guardiana”; escuchen al final la frase “marca” de ¡¡prueba superada!!

También existían una serie de castigos como el de que le cortaran el pelo al concursante así como casillas que adelantaban; el primero en llegar al final tenía que terminar el concurso realizando una prueba aún más grande y tenía toda una semana para realizarla.


Un concursante llega al final, chequen la cantidad de personas que se “meten” a felicitarlo

Haciendo memoria no me acuerdo de ningún programa español televisado (con ese éxito) en México antes de El gran juego de la Oca.  Recuerdo que en México pasaba todos los sábados por la tarde y terminaba en la noche, justo en ese momento en que uno se está preparando para salir al “reven” por lo que varias veces funcionó como un “previo”.

Los cuates nos juntábamos en mi casa antes de salir y, mientras nos preparábamos para el sábado en la noche, veíamos el juego.


La conductora resbala con el lodo de una de las “pruebas”

Hasta hace unos años los programas de concurso en México nunca fueron muy espectaculares por lo que la inmensa producción del programa causo cierto furor en México, a partir de ahí intentaron traer otros programas de España así como gringos “tropicalizados” pero nunca con el éxito de la Oca.

A nivel producción el programa era sensacional, innumerables participantes (en cuadro y tras de cámaras) por no decir la enorme cantidad de público; el regalo de un Volvo, al final, se nos hacía excesivo en ese México recién salido al mercado libre.

La parte criticable de El gran juego de la Oca, como siempre, era esa simpleza ramplona; la eterna pregunta de “¿hasta donde es capaz de llegar una persona?” cuando se trata de dinero o de efímera fama televisiva quedaba ampliamente contestada a la hora de se metían hasta la barbilla en lodo o se dejaban trasquilar el pelo ante la atenta mirada de miles de telespectadores.

Hasta la fecha sigo pensando que la gente es capaz de cualquier cosa con tal de salir en la tele.

El programa duró del 93 al 95 al aire (en España) y tuvo una reencarnación en el 98 y a México nos llegó por cortesía de TV Azteca que en esos entonces le apostaba a cualquier cosa que supusiera una novedad en aterido mercado televisivo nacional.