Pasó de ser un actor de fama local a una mega-estrella de Hollywood luego de “transformarse” en un caníbal sociópata; Anthony Hopkins no solo logró el Oscar y la fama mundial, sino un lugar importante en la cultura pop de los noventas.

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He hablado sobre el problema del tiempo para muchas actrices quienes, con la llegada de los años, ven como sus carreras comienzan a menguar; aunque hay notables excepciones, parece que la mayoría de las estrellas solo “viven” hasta los cuarentas.

Muy por el contrario, para muchos actores masculinos la llegada de la madurez se transforma en una verdadera catapulta y no es raro el caso de que algunos de ellos vivan sus mejores años profesionales pasando cierta edad, tal es el caso de Anthony Hopkins quien alcanzó la fama internacional luego de cumplir los 50 años.

Nacido en una localidad de Gales (esa pequeña nación a un costado de Inglaterra de la que nadie se acuerda), la dislexia lo llevó a ocuparse más en cuestiones artísticas como la pintura y el piano.  Estudió en una academia de arte local y más tarde en la Real academia de Arte Dramático en Londres.

Inició su carrera en el teatro pero pronto se dio cuenta que lo aburría “repetir y repetir” cada noche las mismas líneas.  Su primera oportunidad en el cine se dio en 1968 con la cinta The Lion in Winter, protagonizada por Peter O’Toole y Katharine Hepburn, filmada en Irlanda y que recibió varias nominaciones para el Oscar.

Aunque siguió actuando en el teatro, Hopkins poco a poco fue integrándose al cine y a la televisión de su país donde fue escalando en fama y reconocimiento; durante los ochentas lo pudimos ver en aquella oscura y tétrica película de David Lynch, El Hombre Elefante.

El momento indudable en el que la carrera de Hopkins se transformó de un actor de carácter muy local a una estrella de Hollywood se realizó, de manera indudable, con The Silence of the Lambs (mal llamada El Silencio de los Inocentes) película de la que ya hemos hablado en este espacio y que obtuvo cinco Oscares.  El papel de Hannibal Lecter le dio el Oscar al mejor actor a pesar de que solo apareció 16 minutos en pantalla.

El Oscar, todos lo sabemos, es un gran detonante para una carrera cinematográfica por lo que pronto todo mundo quería un “pedazo” de Anthony Hopkins.

Al año siguiente participó en cuatro películas (en una de ellas compartió créditos con Mick Jagger) en la que destacan dos superproducciones: Chaplin y Drácula.  Fue en la segunda, por su perfil y la gran publicidad en torno a ésta, en la que más lo recordamos por su papel del caza monstruos Abraham Van Helsing (es el mismo personaje de la película de 2004; uno de los héroes de acción decimonónicos más famosos en su época y más olvidado en la nuestra).


Al final de la secuencia, es él quien se enfrenta a Drácula con el crucifijo.

La cinta fue un éxito en taquilla, se encargó de proporcionar varios clichés a la cultura pop y obtuvo tres Oscares, pero esta vez ninguno para Hopkins.

En 1993 hizo otras cuatro películas, una de ellas con Isabella Rosellini, entre las que destaca (a mi muy particular punto de vista) The Remains of the Day (Lo que Queda del Día); una introspectiva cinta basada en el libro de Kazuo Ishiguro y que narra la vida y muerte así como las pasiones de la servidumbre de una enorme mansión inglesa; el trasfondo de los “seres más pequeños” dentro de un ambiente aristocrático que los toma como “parte del mobiliario”.

Hopkins, cuyo papel protagónico lo hace encarnar a Stevens, el mayordomo, comparte créditos con Emma Thompson, James Fox, Christopher Reeve, Hugh Grant, y Ben Chaplin.  La cinta fue nominada para ocho Oscares (aunque no se sacó ni uno) y por supuesto que Hopkins estaba en la lista.

Al año siguiente aparece en dos películas, la que destaca es The Road to Wellville (dirigida por Alan Parker) y en la que representa al obsesivo y excéntrico Doctor John Harvey Kellogg, creador de los cereales con su nombre.  Es hasta 1995 cuando lo vemos estelarizar otra megaproducción, ésta vez de Oliver Stone: Nixon.

Su interpretación del controvertido presidente fue genial y la cinta causó revuelo, sobre todo entre los que siguen considerando a Nixon un salvador de la humanidad: Stone fue duramente criticado por “difamar” al presidente.  Por supuesto que la controversia ayudó a la película, que fue una de las más aplaudidas (y vistas) de ese año.

También fue nominada a cuatro Oscares, también Hopkins se encontraba en la lista, y también esta vez, se quedaron sin una sola estatuilla.

En los siguientes tres años interpretó a Picasso (Surviving Picasso), al presidente John Quincy Adams (en la terrible película Amistad) y a un Zorro en jubilación al lado de Antonio Banderas.  También destaca su papel como el del poderoso editor Charles Morse que junto con un empleado y posible Sancho (Alec Baldwin) intenta sobrevivir en Alaska luego de un accidente de aviación en The Edge (no me acuerdo de su nombre en español).

Sin olvidar, por supuesto, Meet Joe Black (¿Conoces a Joe Black?), donde interpreta a Bill Parrish un rico empresario que “guía” al Angel de la Muerte (Brat Pitt) a través de los placeres del mundo.

El film estaba basado en una película de los treintas y fue criticado por su larga duración; no cubrió las expectativas que le daba su reparto aunque fue un éxito fuera de Estados Unidos.

Luego de la década de los noventas la carrera de Hopkins ha seguido en ese nivel que se asentó en sus principios, aunque sin la espectacularidad del Silencio de los Inocentes: en los dosmiles pudimos ver a Hannibal Lecter en otras dos cintas así como producciones de la talla de Bad Company, The World’s Fastest Indian y, por supuesto, en Hearts in Atlantis, una de las pocas cintas que le hacen el honor a un libro de Stephen King.

Hopkins podría ser uno de los más aclamados “actores de carácter” en la actualidad.  Su presencia en una cinta se “siente” y puede transformarla. Nombrado caballero, es en la actualidad una institución sin embargo no hay que olvidar que todo empezó luego que lo vimos representar a uno de los más grandes villanos de los noventas.