Luego de ser abusada por su propio marido, Lorena Bobbitt lo mutiló en un arrebato de ira: el caso le dio la vuelta al mundo, abrió nuevas discusiones relativas a la violencia familiar, pero sobre todo, nos dio una muestra de la banalidad humana y de lo que una persona es capaz por un poco de dinero y de fama

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Dice la leyenda que cada persona en el mundo tiene sus 15 minutos de fama; depende de cada quien como y de que manera aprovecha esa fama momentánea para transformarse en una personalidad o regresar a la aridez del anonimato.

Eso es la teoría por que hay quienes aprovechan esa fama efímera para transformarse en seres patéticos que van a pasar a la historia por lograr llegar a profundidades insospechadas a partir de una fama negativa: tal es el caso de John Wayne Bobbitt.

John y Lorena Bobbit eran un matrimonio de un suburbio de la ciudad de Washington que llevaban cuatro años de casados; el había nacido en el estado de Nueva York mientras ella era originaria de Bucay, en Ecuador.

Al parecer el matrimonio ya estaba en una franca ruta rumbo al fracaso, sin embargo lo que ocurrió la noche del 23 de junio de 1993 iba a precipitar su derrumbe y el salto a la fama de ambos cónyuges.

John se había ido de farra y esa noche llegó tarde a su casa y bastante pasado de cucharadas por lo que le entró ese “cariño” clásico de borracho. Cuando su mujer se negó a tener relaciones sexuales el fino individuo optó por forzarla.

Más tarde Lorena fue a la cocina. La versión de ella dice que solo quería tomar un vaso de agua (aunque la parte acusadora insistió en que ella estaba pensando ya en mutilar a su marido). Estaba en eso cuando se encontró de manera accidental con un cuchillo de trinchar carne (de gran tamaño) él cual tomó para regresar a la habitación y cortarle la mitad del pene a su marido que dormía en medio de los vapores etílicos.

La esposa salió a la calle, abordó su auto y se largó de la casa. Algunos kilómetros más adelante arrojó el sangrante miembro, que aún llevaba con ella, a un campo. A pesar de todo a Lorena le entró el remordimiento por que algunos minutos después se detuvo en un teléfono público y marcó el número de emergencia para dar parte de lo que había ocurrido.

A Lorena la arrestaron mientras que a su marido lo llevaron al hospital y gracias a una inmensa suerte (yo lo atribuyo a esa solidaridad masculina que a veces aflora)  su pene fue encontrado y reimplantado tras nueve horas en cirugía.

Lo que siguió fue un juicio que ocupó todos los noticieros de muchos países en los que se desveló una historia de abuso conyugal; Lorena Bobbitt argumentó que lo que ocurrió esa noche fue la gota que derramó el vaso luego de cuatro años de golpes, violaciones y hasta un aborto forzado.

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El caso se convirtió en un estandarte para las asociaciones de feministas y después de muchas horas de deliberación el jurado declaró a Lorena como inocente debido a que había actuado con una “locura temporal” causada por el abuso por parte de su esposo.


El juicio en CNN

Es aquí donde entra a colación la reflexión que hice al principio: cuando uno accede a la fama de esta manera ¿puede hacerse del asunto algo aún más patético? En el caso de John Bobbitt la respuesta es un con tipografía de 70 puntos.

La reacción de este descerebrado fue la de intentar generar dinero con la fama a la que había accedido. Su primera incursión en el mundo de la farándula la hizo al crear un grupo de rock llamado The Severed Parts que significa algo así como Las Partes Amputadas. El proyecto fue un rotundo fracaso.

Por supuesto que eso no iba a arredrar a un individuo tan persistente por lo que Bobbitt tomó la decisión de aparecer en su propia película pornográfica, producción que iba a llevar el explicativo nombre de John Wayne Bobbit Uncut (sin cortar), película realizada en 1994 y que, como la mayoría de su género, tuvo un relativo éxito y una distribución de bajo perfil.

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Aunque no quise entrar en más detalle, creo que el asunto debe de haber sido relativamente bueno por que el señor Bobbitt apareció en otra producción del género, esta vez titulada Frankenpenis (me niego a traducir eso) y que, al parecer, fue un rotundo fracaso.

En 1998 apareció en un programa de lucha libre con otro actor XXX que también estuvo a punto de perder su “hombría”. Después de eso la escasa fama que pudo hacer Bobbit en el mundo de la pornografía se diluyó por que para finales de la década terminó como bartender, chofer de limusinas, cargador de mudanzas y operador de grúas viales (grullero: un empleo aún más degradado que ser actor porno de quinta categoría, si me preguntan).

Pero aún hay más: el señor quiso ser ¡ministro religioso! y aunque esto puede ser admirable, pierde toda gracias cuando nos enteramos que sus “tratos” con la policía han sido frecuentes desde el incidente original, empezando por mal comportamiento, pasando por robo y llegando a, ¿que creen? abuso en contra de su segunda y tercera esposa (de la que se encuentra en proceso de divorcio).

Por otra parte, una clara muestra de que las mujeres siempre han tenido (y tendrán) más cordura que el sector masculino la dio Lorena.

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Ella mantuvo un bajo perfil a pesar de que tenía todo para transformarse en un ícono feminista. Lorena retomó su nombre de soltera, Gallo, tomó trabajo en una estética y comenzó a llevar un curso universitario. Vive una relación, aunque ella dice que jamás se volverá a casar, y tiene una hija así como una organización en contra de la violencia intrafamiliar; ha aparecido algunas veces en talkshows como el de Oprah Winfrey.

Apenas en mayo de este año el programa The Insider reunió a la pareja por primera vez desde el incidente; en este John le pidió perdón a Lorena quien dijo que su ex aún le mandaba tarjetas los días 14 de febrero; a lo mejor todavía tiene miedo de que siga enojada.